Testigo de todo lo que ha acontecido en Madrid en el último siglo, el Kilómetro Cero observa en silencio las pulsiones de una ciudad siempre en movimiento. Ya sea como punto de quedada para amigos y enamorados, espectador privilegiado en desfiles, procesiones, festividades como la Nochevieja y actos oficiales, esta pequeña placa en el suelo frente a la antigua Real Casa de Correos es un símbolo para todos los madrileños, pues recoge el acelerado ritmo diario de la capital y al mismo tiempo, tal como cantaba Ismael Serrano, representa el “comienzo de los días que han de venir”.

Además de ser fotografiado y pisado a diario por turistas ávidos de iconos urbanos, el Kilómetro Cero  también ha inspirado canciones, películas y sirve como escenario para múltiples artistas callejeros e incluso predicadores religiosos. Por otra parte, durante los últimos años, ha cobrado un nuevo protagonismo con la acampada del 15 M, instalada en la Puerta del Sol, y las sucesivas manifestaciones reivindicativas que han convertido este entorno en un símbolo de la protesta ciudadana. Sea como fuere, lo cierto es que, más allá del paso de los años y del ajetreo de los transeúntes, el Kilómetro Cero permanece impertérrito, mudo depositario de la memoria colectiva.

Sin embargo, el Kilómetro Cero tiene su propia historia, no ajena al compás de la villa madrileña. Su origen data del siglo VIII, cuando se construyeron seis carreteras radiales que partían de Madrid y sustituían a seis antiguos itinerarios de postas. Los consejeros de Felipe V, muy preocupados por reforzar la idea de Estado centralista y unificado, decidieron que aquellas carreteras debían surgir de ese mismo punto pues se consideraba que era el centro de la ciudad de Madrid, convertida en capital desde hacía poco tiempo y de la propia península Ibérica. Además, por su ubicación, servía de orientación a los carteros. Sin embargo, estudios posteriores descubrieron que el Kilómetro Cero no es realmente el centro de la ciudad, sino que éste se encuentra en el cruce entre las calles Goya y Serrano. Tampoco es el punto central de la península, situado diez kilómetros al sur de Madrid, en el Cerro de los Ángeles. Sin embargo, a favor del Kilómetro Cero, diremos que sí marca el inicio de la numeración de todas las calles madrileñas, de manera que el número 1 de cada rúa siempre será el más cercano a la Puerta del Sol. Aunque el Kilómetro Cero tiene equivalentes en muchos países, el más famoso es sin duda el italiano Milliarium Aureum, origen de la expresión “todos los caminos llevan a Roma”, pues de él surgían las rutas del Imperio Romano

A pesar de la importancia histórica y administrativa del Kilómetro Cero de Madrid, no fue hasta 1950 cuando se instaló una placa que marcara su posición. A partir de ese momento, pasó de ser una medida burocrática a convertirse en atracción para los visitantes y motivo de orgullo para los madrileños, que ven en él un reflejo de la ciudad, un secreto compartido de gran valor sentimental. El éxito y la popularidad también tienen un precio, en este caso, el desgaste y envejecimiento de la placa que hicieron necesario sustituirla en 2009 por otra nueva, diseñada por Cándido Herrero. No obstante, aunque cambien las piedras no cambia el espíritu, y el Kilómetro Cero puede seguir presumiendo de que casi todo de lo que sucede en Madrid, pasa por él.

Written by MadridFansBlog
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