Bohemios, señoriales, clásicos, que hablan por sí solos, con mucha solera y sobre todo, con mucha historia, en la mayoría, ligada de forma inevitable a la de nuestro país. Madrid cuenta con un puñado de cafés emblemáticos donde parece que se ha detenido el tiempo, rincones  en los que aún resuenan las palabras, traídas por el recuerdo, de Jardiel Poncela o Francisco Umbral, donde tomar un café en compañía de un buen libro es un placer y donde todo, desde la iluminación a la música, invita a una tarde de charla con amigos.

Café Comercial. Glorieta de Bilbao, 7. Una puerta giratoria nos introduce en el Madrid intelectual de la posguerra, el de las tertulias literarias a cargo de Antonio Machado, Blas de Otero o Camilo José Cela, aquel del que Jardiel Poncela e Ignacio Aldecoa eran habituales. Todo en este local sigue inalterable desde el día de su fundación, en marzo de 1887, y un amplio ventanal a la calle nos embelesa con ese ir y venir de los transeúntes en Madrid. En el Comercial, además de pasar la tarde tomando café, se puede jugar al ajedrez y disfrutar de exposiciones, coloquios e incluso sesiones de jazz.

Café Gijón. Inaugurado en mayo de 1888 por un asturiano inmigrante en Cuba, hablar del número 21 del Paseo Recoletos es hacerlo de Francisco Umbral, que como muchos otros encontró en el café Gijón una fuente de inspiración y un lugar en el que quedarse. Antes que él, otros nombres destacados del arte y las letras españolas, de la política y la filosofía frecuentaron el lugar: José Canalejas, Valle-Inclán, Severo Ochoa, Gómez de la Serna o los miembros de la Generación del 27 son algunos ejemplos; las fotos que cuelgan de las paredes de este café lo atestiguan y nos recuerdan la edad de oro madrileña. Sigue constituyendo un lugar de encuentro para muchos jóvenes literatos y artistas de la capital.

El café del Círculo de Bellas Artes. Aunque acceder al interior del café ya cuesta dinero, un euro por persona, merece la pena pasar una tarde en la conocida popularmente como “la pecera”. A los pies de la calle Alcalá, en el número 42, este café recibe la visita de curiosos, escritores, actores e intelectuales que buscan un remanso de paz en medio del bullicioso Madrid. Famoso por su techo abovedado y adornado con frescos, este café guarda en su interior la esencia de los cafés de principios del siglo XX, además de una célebre escultura, la de una mujer tendida, que data de 1910.

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Written by MadridFansBlog
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